martes, 14 de abril de 2015

Un vistazo al futuro.

Los designios editoriales son inescrutables.  Y el editor propone y el Lector dispone, pero estas son algunas de las cosas que aguardan en la cartera.




domingo, 15 de marzo de 2015

Las otras series de Arnaldo Visconti.

Buenos tiempos para la épica.

 Junto a la serie de El Pirata Negro, Pedro Víctor Debrigode creó dos series; la primera Diego Montes que contó con seis números:
 1- El Bandolero Heroico.
 2- Claveles Sangrientos.
 3- El Toro.
 4- Malatesta.
 5- La Duquesa y el Bandolero.
 6- El galán de la Muerte.
 El protagonista era Diego de Ferblanc y Alfaro, hijo de un noble Cordobés convertido en guerrillero contra los invasores napoleónicos. En la publicidad de los fascículos de El Pirata Negro se decía que era "El descendiente de El Pirata Negro (Carlos Lezama era marqués de Ferblanc), cuyas hazañas son dignas de las de su antecesor.
 Su otra serie, en Bruguera y con el seudónimo de Arnaldo Visconti, fue "El Halcón".
 Se trataba de un personaje enmascarado que actuada en el escenario de la guerra de secesión americana. Constó de diez títulos:
 1- El Jugador de su Vida.
 2- La venganza de Dan Carter.
 3- La Espía Yanqui.
 4- Murciélagos en La Florida.
 5- "Muro de Piedra"
 6- El Bonaparte Americano.
 7- Pulsos de Oro.
 8- La Conjura de los Pistoleros.
 9- La Venus de Ébano.
 10- Pico de Tucán.
 Tras la cancelación de la colección de El Pirata Negro, Debrigode, inició la serie, a medio camino físico entre el cuadernillo y el futuro bolsilibro. de El Galante Aventurero.
 A pesar de tratarse de una de sus mejores series, a juzgar por los conocedores de la obra de Pedro Víctor Debrigode (Joan Manuel Soldevilla Albertí, glosa y canta sus virtudes en la web con el nombre de la serie), no fue el éxito que se esperaba, o quizá llegó cuando el formato del bolsilibro se imponía entre los lectores.
 Sin embargo Bruguera seguía confiando en uno de sus mejores autores de novela popular y le confió, amen de la puesta en pie de la colección Servicio Secreto, una colección de su exclusiva autoría. La colección Iris, donde incluyo a cuatro personajes: El Pirata Negro, del que narró sus primeras aventuras, anteriores a la serie "madre", Diego Montes, El Halcón y uno nuevo El Aguilucho. Todas contaron con cuatro números cada una.
 Estas serie, excepto la del Galante Aventurero, son las que DLorean Editorial pretende sacar a la luz. Novelas pertenecientes al periodo de mayor capacidad narrativa de Debrigode, novelas que algunos solo conocemos por referencias. Dudan y piden consejo para ver cual de ellas publican primero. Por mi parte me inclino por Diego Montes, quizás por el aire que me recuerda aquella mítica serie de televisión Curro Jiménez o quizás por su origen cordobés, aunque tambien tiene muchas posibilidades El Aguilucho, ambientado en los exóticos parajes asiáticos.
 Sea cual sea será un buena elección, y ojalá se vaya asentando en el escenario literario la valía de un autor que merece ser alzado de la bruma del olvido, y situarse a la altura que, sin duda, merece. Ya Darkland Editorial ha comenzado la serie de El Pirata Negro, y la primera entrega de sus novelas policiacas en Archivo Negro. Primeros pasos que anuncian un camino luminoso.





sábado, 7 de febrero de 2015

Archivo Negro. Darkland Editorial.

 


 En estos tiempos en los que las nuevas tecnologías se han afianzado en un mercado editor, ya tocado de gravedad, un mundo digital en el que antes de que salga algo al mundo "real" ya ha sido copiado, distribuido, regalado, y un mundo en el que el espacio literario parece no tener sitio para esos "hermanos menores", un tanto inmaduros y simplones, la única manera de destacar entre la montaña de novedades es incidir en la calidad y la hermosura.
 Sí, hermosura, preciosidad. Es un objeto agradable en sí mismo, algo que no solo se lee, si no que se contempla, se manosea, se huele, se acaricia. Algo que se sitúa en la estantería favorita de nuestra librería y se mira de cuando en cuando. Quizás me deje llevar por la pasión, y no sea objetivo, pero nunca lo he sido en cuestión de libros y soy partidario de la lectura de siempre, en libros, en papel, negro sobre blanco y rodeado de montañas de papel.
 El caso es que eso es lo que la editorial Darkland ha buscado con su nueva e inminente colección Archivo Negro. Cuidando el aspecto exterior, el continente, con las ilustraciones originales de esos libros de coleccionista. Y un contenido que recupera obras que mucha gente espera desde hace mucho tiempo, o no conoce y siente curiosidad y quizás descubra obras que merecen la pena, que no son meras novelitas de consumo fugaz y banal.
 Si el "experimento" funciona, son los lectores los que lo juzgarán. Si ellos/as quieren hay mucho, mucho material pendiente, ahí, en el arcón de las joyas y el ajuar de la abuela.. que la nieta se pone sobre los vaqueros rotos.


domingo, 19 de octubre de 2014

Bolsilibros, cuadernillos, libros de bolsillo.

 
Durante mucho tiempo, desde el mundo literario, en sus dos vertientes, la crítica y la "consumidora" los meros lectores (no incluyo a los editores, que por la naturaleza de su profesión no hacen discriminaciones de calidad, siempre que se vendan y así debe ser) nos han hecho creer y hemos asumido que la literatura popular era por definición despreciable, embrutecedora y perniciosa. No recalcaré aquí el hecho de que la gran obra literaria de la novelística mundial y del acervo patrio castellanoparlante comienza con la quema de novelas de fantasía y el dogma de que tales dislates son propios de mentes débiles y enfermas; tampoco mencionaré el empeño obsesivo de las élites ilustradas por "emancipar" y "culturizar" a las masas populares y decirles que lo que les gusta en realidad no les gusta, que están confundidos porque les han condicionado desde el Poder. No negaré que llevaran algo de razón, que sus intenciones no fuesen bienintencionadas, pero en ese empeño de resaltar algo acaban por hundir lo que ocupaba ese espacio. Y su labor de hundirlo, de borrarlo, de olvidarlo parece que surtió efecto.
 Quizás quien mejor describió esta cuestión fue Theodore Sturgeon, escritor de eso que hemos dado en llamar ciencia ficción, en este enunciado con hechuras de sentencia: "El 90% de la ciencia ficción que se publica es basura..."- y añadió, y esto es lo importante del enunciado -," cosa que se puede decir de todo lo demás" En efecto, caballeros y damas, el 90% de las "novelas de calidad" que se publican son basura, el 90% de los premios nobel de literatura son basura, el 90% de las obras de los académicos de la lengua mundiales es basura, el 90% de "cine de autor" es basura..., asumiendo que el 90% de la novela popular publicada, los "best-sellers", son basura.
 Pero todo esto es el pasado, y no vamos a perder el tiempo hablando del pasado. Miremos adelante, al ahora.
 Ha pasado el tiempo suficiente para que una generación joven, libre de absurdos prejuicios, poseedores del descarado desparpajo del que no tiene que excusarse por leer "basura populachera", que disfrutan del acto de leer de la misma manera que disfrutan, en un momento dado, del cine de palomitas, del videojuego más estridente, o el comic más chulo. Son omnívoros literarios y culturales y en su búsqueda de esos restos arqueológicos que a fuerza de escarbar entre los escombros descubren tesoros. Y su entusiasmo les lleva a embarcarse en una aventura incierta en estos tiempos inciertos; quieren compartir sus placeres con los demás y nos ofrecen ese 10% de la novela popular española que, a su criterio, merece la pena de reivindicar.
  DLorean Ediciones comenzó con publicaciones contemporáneas, de autores jóvenes, noveles, cultivadores y herederos de la literatura Pulp, esa que nació, creció y se transformó (como la energía que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma ), bien entrado el siglo XX en distintos formatos, cómic, cine, televisión, videojuegos... Ahora entreveran las producciones nuevas con ese material que tratamos en este artículo. Uno de los autores más demandados por esta afición de lectores es Lem Ryan, y sus textos de fantasía heroica publicados en su día en las colecciones de ciencia ficción de la editorial Bruguera.

 Y anuncia la inminente publicación de una novela corta que, aunque inédita, viene de la mano de uno de los autores míticos de ese formato editorial tan popular en los años centrales del siglo pasado, los Bolsilibros. Juan Gallardo Muñoz, con los sobrenombres más destacados de los muchos que usó, de Donald Curtis y Curtis Garland.


  Otra editorial nueva, Darkland Editorial, aún en sus primeros pasos, apuesta decididamente por recuperar ese material "clásico" y con pátina mítica de los bolsilibros. Juan Gallardo Muñoz -o Curtis Garland- con El Fantasma de Baker Street, y Francisco González Ledesma -o Silver Kane- con Rancho Drácula inauguran una línea que tiene un inmenso acervo literario en el que bucear y sacar a la luz.
 Por lo pronto se van a embarcar en uno de los proyectos más ilusionantes e importantes en la historia de la literatura popular española: recuperar para el lector actual una de las series de aventuras mas leida, en su día, los años ´40 del pasado siglo, por el público popular, El Pirata Negro, por Arnaldo Visconti -o Pedro Víctor Debrigode Dugi-, que compartió con El Coyote, de José Mallorquí, la imaginación y los asuetos de los españoles de posguerra. El enmascarado californiano ha disfrutado de una carrera sólida y revivida, de tanto en tanto, por el mercado literario; por eso resulta más sangrante que ese otro personaje que fue tan popular como aquel, ni siquiera haya sobrevivido a la memoria nostálgica de los mayores del lugar.
 Pero como la nostalgia es un territorio traicionero y extraviante han de ser los nuevos lectores los que valoren, con ojos limpios, las virtudes narrativas de una obra de aventuras comparable a cualquier otra, más renombrada, de lejanas latitudes. Y va a darnos esa oportunidad. Aprovéchenla, que merece la pena.


 
 


viernes, 8 de agosto de 2014

Gran Fantasy y Tim Powers

 En aquellos tiempos, no demasiado lejanos, en que, aunque les parezca increíble a los más jóvenes de la reunión, internet no existía, ni se tenía la facilidad actual de buscar información y reseñas sobre cualquier autor por el que tengamos curiosidad, e, incluso, tengamos la oportunidad de comprar sus libros con un click del ratón, uno se tenía que buscar la vida en solitario, patearse las librerías -escasas, siempre escasas -de una capital de provincias cualquiera, y pasarse las horas muertas delante de las estantería marcadas con los carteles de los géneros que te interesaban, buscando los nombres de los autores que ya conocías y te gustaban. Si no encontrabas uno de esos remoloneabas ante los expositores, observando atentamente las ilustraciones de las cubiertas, y leías las reseñas con que la editorial, en la contracubierta te incitaba para su adquisición. Pero no hacías mucho caso de los elogios que pudieran hacerte, pues eran comentarios de parte interesada; más bien te dejabas llevar por una corazonada, por un qué-sé-yo-yo-qué-sé, que hacía que echases un vistazo a tu cartera, te lo pensases dos veces, y al final lo adquirieses. Era una apuesta que si salía mal y era un tostonazo insoportable te obligaba a esperar un tiempo hasta que tu presupuesto se recuperase.
 Una de las colecciones en que la apuesta tenía un más alto porcentaje de aciertos era Gran Fantasy, de la editorial Martínez Roca, hermana de Gran Super Ficción, Gran Super Terror y prima de Colección Fantasy y Super Ficción, dirigidas por Alejo Cuervo. En esas colecciones descubrí a Terry Pratchett, las historias de Fafhrd y El Ratonero Gris de Fritz Leiber, a Michael Moorcock; leí Muero por Dentro de Robert Silberverg, o Las Tropas del Espacio, de Robert Heinlein, Las primeras historias cortas de Philip K. Dick, Las Estrellas son la Estigia de Theodore Sturgeon; en suma, una larga lista de clásicos de la ciencia ficción y la fantasía y algunas obras y autores nuevos que a partir de entonces se asentarían como hitos de estos géneros, y me refiero, por ejemplo a Bosque Mítago de Robert Holdstock, una de esas novelas con un profundo poso, una mezcla espesa y umbría que se te pega al olfato y por lo tanto a lo más hondo de tu memoria.


 Hablo de esa novela que nos llamó la atención, recostada en el anaquel de la librería, mostrándonos un ilustración de cubierta de Corominas, barroca y dinámica, un título enigmático, En Costas Extrañas y un nombre de autor desconocido, Tim Powers. Nos informaban en la cubierta que se trataba de "Una extraordinaria novela de fantasía histórica centrada en la piratería del siglo XVIII en el Caribe", y en la contracubierta nos contaban que allí dentro estaban el pirata Barbanegra y John Chandanac, tenedor de libros y titiritero (!), que conoceríamos una tripulación de zombies, que haríamos un viaje por los pantanos de Florida en busca de La fuente de la Eterna Juventud, y que batallaríamos contra la flota de la Marina Real Inglesa. Toma ya.


 También se nos decía, en la cubierta, que este autor desconocido también había escrito, y publicado en esta misma colección Las Puertas de Anubis. (¿Veis a lo que me refería cuando hablaba de los tiempos en que no existía internet, muchachos? Hoy tecleas en google el nombre del autor y conoces al instante sus obras y milagros; en aquellos dias, si se te pasaba, como se me pasó, en las rondas periódicas por las librerías vivías en la bendita inopia.)
 Otra cosa que me llamó la atención fue ese nuevo concepto de la "fantasía histórica". Conocía la "fantasía épica" y la "fantasía oscura", pera esta subclasificación de la fantasía no.
 Y una vez leída la novela entendí a qué se refería. No era una manera de llamar, en la variante de la novela fantástica, a esa modalidad, más frecuente en la ciencia ficción, de la ucronía, esas ficciones en las que un hecho puntual, en un determinado devenir histórico, sucede de manera diferente a lo conocido y por lo tanto toda la línea histórica posterior diverge; si la conspiración para asesinar a Julio Cesar nunca se produjo, Cesar continua su reinado y el futuro se abre. Esto, sin embargo, se refiere a la capacidad de encontrar entre las notas a pié de página de los libros de historia esas anécdotas o esos detalles dónde se agazapa la magia, lo extraño, la fantasía. Es esa historia desconocida, pero sospechada, que nos explica la verdadera razón de porqué Edward Teach, Barbanegra, se enredaba en la espesa barba cabos de vela encendidos, además de para impresionar a lar tripulaciones de los barcos que abordaba, por ejemplo. O nos enseña porqué la Magia huele a metal caliente. En aquel entonces yo trabajaba en un taller de platería y conozco perfectamente cómo huele el metal caliente; desde aquel momento soy capaz de identificar cuando y dónde se practica la Magia Antigua.
 Y todo esto envuelto en una narración repleta de sucesos, extraordinarios, sorprendentes, y de personajes fascinantes, grotescos, y todo esto atravesado por un humor a veces extravagante, a veces cruel y morboso.
 A partir de entonces busqué y fui adquiriendo, a medida que salían, todos los libros de este autor que se publicaban por estos lares. Y en todos los que leía encontraba estas mismas virtudes que había encontrado en esta novela de piratas. Las Puertas de Anubis, su, según muchos, mejor novela hasta la fecha, ganadora de los premios Philip K. Dick Memorial 1984 y Apollo 1987. Cena en el Palacio de la Discordia, el más explicito homenaje a Philip K. Dick en la novelística de Powers, en una historia postapocalíptica y acerca de sectas religiosas y la anulación de la personalidad individual; La Fuerza de su Mirada o el abrumador y fascinante retrato de los poetas románticos ingleses y del pago sublime y terrible de la creación artística; La Última Partida, o un viaje por la Norteamérica Oculta y Mágica, con su centro neurálgico de Las Vegas, como En Costas Extrañas lo fue del Caribe, o la constatación de que los juegos de azar son mucho más de lo que el jugador casual cree, como bien explicó Borges en La Lotería de Babilonia; Esencia Oscura, o un renacimiento de los mitos Artúricos en el asedio de Viena por los turcos en 1683. Declara, lo último de su producción que vimos por aquí, ya en Gigamesh ediciones, al igual que Esencia Oscura, y un resbalón en su carrera; un exceso de páginas, tendencia que ya traía desde La Fuerza de su Mirada y La Última Partida, pero sin la fluidez narrativa de estas; por el contrario en una novela densa, morosa, abrumadora, y, sobre todo, fría.

 
 
 
 
 Pero en septiembre Gigamesh va a editar Ocúltame Entre las Tumbas , una suerte de continuación de una de sus mejores novelas La Fuerza de su Mirada, además de una selección de historias cortas en Sembrando Piedras , y este que suscribe ya está tachando en el calendario los días que faltan para que salgan estos libros de este autor que fue, es, a la fantasía lo que William Gibson lo fue a la ciencia ficción y Clive Barker , con Los Libros de Sangre, al terror.


  

sábado, 2 de agosto de 2014

Richard Wert (Ricardo Wert García)

 
 Tenía mucha curiosidad por leer una novela de Richard Wert -Ricardo Wert García, Riotinto, Huelva, 1918-2012, padre de Jose Ignacio Wert, actual ministro de Educación, Deporte y Cultura (...), autor de tres novelas policiacas (esta, "Una Vela al Diablo", "Cinco le Vieron Morir", en Novela Negra de Editorial tesoro) y un cuento en la Antologia de las Mejores Novelas Policíacas, tomo XIV de Acervo. También escribió novelas románticas como Ricardo Welter. En biblioteca negra.com se le atribuyen erróneamente dos novelas de Peter Debry-Pedro Víctor Debrigode Dugui, "El Asesino es el Autor" y "La Fosa Rebosa".
 
 Me ha bastado leer unas pocas páginas primeras para llegar a la conclusión de que no me merece la pena continuar con la lectura, y es que hay muchas cosas por leer y sólo tengo una vida. Nos presenta el autor en esta novela a un personaje extraordinario, un joven invidente a causa de un accidente "de guerra", que gracias a su extraordinario talento compensa esta carencia con un acentuamiento del resto de sus sentidos. Le acompaña y cuenta la historia un acompañante-amigo-compañero-secretario (exacto: Holmes-Watson). Diálogos teatrales y precisos (casi se puede ver al apuntador, agazapado entre las páginas, con su copia del texto delante), prosa recargada y anticuada, ambientación británica y burguesa.

viernes, 1 de agosto de 2014

Thomas B. Dewey.

 
  Detectives de papel (I)
 
 
  Mac, sólo Mac, vive y trabaja en Chicago. A diferencia de muchos de sus colegas de profesión de la novela popular policíaca no tiene empleada en su oficina, que tambien es su domicilio, una secretaria de bonitas piernas y medio enamoriscada de su empleador; tiene el suficiente sentido común para no encararse con los armarios empotrados que caminan y hablan; tiene un arma, pero siempre se la deja olvidada, en su funda, colgada de la puerta del cuarto de baño. Mac, y Thomas B. Dewey, tienen un suave sentido del humor, y, como advierte el dicho: "Más vale caer en gracia que caer gracioso". Y tanto personaje como autor me han caído en gracia. Esta es la primera novela que leo de ambos y no va a ser la última.
 
Mac Investiga (The Girl Who want´t There, 1960), nº 439 Biblioteca Oro,
Molino, 1962. Traducción de Juan J. García Guerrero. Cubierta de Pablo Ramírez.
 
 Thomas B. Dewey (1915-1981) comenzó su carrera literaria en 1944 con la novela Hue and Cry, con protagonismo de "Singer" Bats, el dueño de un pequeño hotel de una localidad de medio oeste, estudioso de la obra de Shakespeare, y detective "amateur". Busca su amor verdadero en los contactos de corazones solitarios y escudriña casos de asesinatos históricos; jamás interrumpe por nada la lectura, hasta terminar el capítulo. Joe Spinder, el gerente del hotel, le ayuda en sus investigaciones, que constaron de cuatro novelas: Hue and Cry, 1944, As Good As Dead, 1947, Mourning After, 1950, Handle With Fear, 1951.
 La primera novela de Mac, Down The Courtain Close, es de 1947.
 Posteriormente alternó las novelas de Mac, con las historias de Pete y Jeanne Schoelfeld, matrimonio e investigadores privados, en la tradición de la pareja Nick y Nora Charles (y Astra) del Maestro Fundador Dahiell Hammett, protagonistas de el El hombre delgado (The Thin Man, 1934)
 El listado de la bibliografía de este autor está disponible en la web The Trilling Detective Web Site, que es de dónde yo he sacado esta información. Desconozco si se han publicado en castellano alguna de las novelas de "Singer" Bats, y creo que al menos deben ser entretenidas, como entretenida me ha resultado esta Mac Investiga (The girl who wan´t there, 1960).
 La viuda de un colega y amigo detective privado de Mac, muerto en un accidente, acude a este porque desde hace un tiempo una serie de individuos sospechosos entran en su casa con engaños y cree que la registran. Pide consejo a Mac y ambos acuden a un amigo policía del detective para tratar de identificar a estos individuos. Uno de ellos se parece a un matón de un maleante de baja estofa. La vía del último caso en que trabajaba el amigo de Mac les conduce a una familia importante de la comunidad de Chicago y a la localización de la hermana gemela de la heredera de la fortuna familiar... Cuando la viuda del detective es destrozada por la bomba colocada en su coche, las sospechas se convierten en algo sólido y peligroso. Y Mac se involucra en la investigación, porque los asesinados eran sus amigos.
 Thomas B. Dewey es un buen narrador, y la novela presenta una interesante trama, bien resuelta y sobre la que flota una suave ironía que hace más cercano al protagonista y más agradable la lectura. Quizás no tenga la solidez y transcendencia de otros colegas de generación que también publicaron en esas colecciones de novela "paperback" que llenaron las librerías de estaciones o aeropuertos en la década de los ´50, esos que Javier Coma denominaba "la escuela lírica de posguerra"; nombres como los de Jim Thompson, David Goodis, Donald Westlake, o los aún desconocidos y muy valiosos Charles Williams, Harry Wittington, Don Tracy, Bruno Fischer, Gil Brewer, Bill Ballinger, y una larga lista que sólo publicaron en esas novelas de bolsillo, de tapa blanda, portadas llamativas y precios populares y entre los que habría algunos que de verdad merezcan la pena.