jueves, 3 de diciembre de 2015

Los diamantes de Kwan. Mark Halloran.


                                   
          Los diamantes de Kwan. Mark Halloran, nº 4 de Congo, 1953. Portada de Bosch Penalva

 La segunda novela de esta colección que tengo la oportunidad de leer, esta vez en su soporte original en papel, negro sobre papel amarillento y cubiertas ajadas por el tiempo, gracias a José Vicente Serrano y la fórmula del "intercambio cultural". La primera fue la de Rogers Kirby reseñada en una entrada anterior, y siendo como es Mark Halloran - Jorge Gubern Ribalta un autor mucho más interesante que aquel, el contexto y el andamiaje de esta colección son los mismos, es decir, un continente que nunca existió, ese África construido sobre los cimientos de las novelas, cómics y películas de Tarzan, y de todos sus derivados en la cultura popular y de las noticias que se podían tener en el mundo civilizado de aquél escenario lejano y casi mítico, en el que los novelistas desplegaban tribus y ecosistemas a conveniencia, y los protagonistas eran grandes cazadores u oficiales coloniales blancos, investidos del poder, nobleza y justas dosis de salvajismo, héroes de una pieza como la peligrosa tierra que habitan obliga, y los millonarios iban allí exclusivamente a exterminar cuantas especies animales se les pusieran a tiro (que se lo digan al dentista americano al que le han llovido collejas desde todas partes del mundo por fardar de matar a un león emblemático), el autor nos ofrece una narración correcta y entretenida.
 La historia es sencilla; un "safari" compuesto por un ocioso millonario, su joven hija y el secretario-hombre para todo del patrón, guiados por un viejo massai taimado que, en el fondo, solo pretende llegar a territorio de Kwan, donde se ha enterado que se han encontrado diamantes. Este encandila al por otra parte, miserable secretario y ambos se confabulan para traicionar al "safari", derivando su ruta hacia aquél peligroso lugar. Rex Champion, el secretario, obtendrá diamantes y novia, la hija del millonario y Kwa, el guía massai necesita la protección del grupo y de los blancos para apoderarse de la mina de diamantes. Pero Mr. Markam, el millonario, les sobra y le abandonan a su suerte en mitad de la jungla.
 Mientras tanto, el capitán Percy Roberts, responsable de aquellas tierras, en Mombasa, se entera de que alguien, Kwa, ha matado a un mensajero proveniente de Kwan, que , presuntamente, le traía noticias de los diamantes de aquel territorio. Sin perder más tiempo, solo, armado con un fusil y pertrechado con su conocimiento del país y su poderosa naturaleza física y anímica, se encamina al encuentro del "safari" que sabe guía el viejo y taimado massai. Pero la selva es imprevisible y herido por el ataque de una pantera su marcha se frustra.
 Y Alicia Markham, secuestrada y acosada por el desquiciado Champion, defendida por el (taimado) guía, en su interés por contar con la chica blanca una vez lleguen a la costa de Kwan, para no queda muy claro qué, salvo que en este tipo de novelas y en aquel tiempo (1953) no era posible que la protagonista fuera violentada brutalmente y a lo más que llega del raptor es a ofenderla amenazando con casarse con ella cuando lleguen a algún lugar civilizado.
 ¿Conseguirá su propósito? ¿La bella y noble Alicia logrará escapar a su cautiverio? ¿Conseguirá Kwa apropiarse de los diamantes y quedarse con el mapa que indica el emplazamiento de las minas? ¿Mr. Marham logrará salvarse de su extravío por las selvas umbrías? ¿El capitán Roberts llegará a tiempo para domeñar la locura de los ambiciosos y las partidas de tribus que se dirigen al mismo sitio para rapiñar en las aldeas de la tranquila y pacífica Kwan?
 En cientoveintipocas páginas Jorge Gubern nos lo cuenta, con la pulcritud y sobriedad de aquellos autores de los primeros años del bolsilibro, con el sentido de la épica y el romance (también las mujeres eran lectoras de estas novelas de aventuras, como parece ser, porque el protagonismo de las mujeres protagonistas, valga la redundancia, estaba más presente en aquellos años, y no eran una mera excusa argumental como lo fue después) que tenía el autor.
 No hace mucho leí otra novela de este escritor "Un cuchillo espera", más aventurera que policiaca a pesar de ser publicada en Servicio Secreto; una trama ambientada en algún país de las Indias Occidentales, algo previsible y esquemática pero que me sugería que el novelista se encontraba más a gusto en la pura aventura que en el policíaco, aunque también en este género tiene obras muy interesantes. Y aún no he tenido la oportunidad de leerle en el Oeste, el género bolsilibresco por antonomasia, en cuyas hechuras se manejaban estos pioneros del género cómodamente. Cuentan que era uno se sus mejores cultivadores.




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